Te
abalanzas sobre mi cuerpo, con rabia, con ira, con poder. Tus manos estrujan mi
cintura, marcan las heridas de dedos sangrantes.
Sitio
oscuro. Ubicados en el centro de un escenario. Un seguidor alumbrándonos.
No
veo tu rostro, solo tu melena. Siento tus manos llevándome otra vez hacia tu
cuerpo.
Parada.
Tú te inclinas hacia mí. Luego, te arrodillas. Bajas mi pantalón. Tu lengua es
fría y áspera.
Intento
apartarte y más fuerte me tomas. Forcejeo. No consigo escaparme de la acción
que nadie ha indicado.
Huelo
tu sudor. Grito. Estoy sola. Sigo sin verte, pero percibo un aire burlón en tu
actuar. El placer de tenerme bajo control te hace sentir invencible.
Comienzo
a sentir furia entre la impotencia que me brota. Flashback sonoro con tu voz
diciendo mentiras, palabras dañinas, la frase “Vos nunca vas a cambiar” como
eco, repicando una y otra vez hasta confundirse. Un enojo brutal estalla en mis
adentros. Se exterioriza en un manotazo a tus cabellos y una patada a tu pecho.
Te
alejo.
Te
dejo despatarrado en el suelo.
Quedas
solo.
Iluminado
en el centro del escenario.
Me
despierto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario