No quiero inmortalizarte con mis palabras y sin embargo acá estoy, frente a la pantalla tomando unos mates con cascarita de naranja (que seguramente, elogiarías). No espero nada tuyo y de forma misteriosa, lo espero todo. Pienso en nuestras risas de cada viernes, en las pequeñas miradas intensas, en la complicidad que de pronto nos envuelve, en las dos semanas que no te voy a ver, en la libertad que me da tu presencia.
No quiero pensarte, no debo hacerlo. Pero quién es tan fuerte para detener los recuerdos. Cierro los ojos, los abro, te huelo, te imagino, te dibujo en el aire y sobre todo, te escucho (con esa voz rugosa). Las tardes inundan mi corazón hasta desbordarlo y vos, te sumergís sin permiso durante horas. Me preguntas "cómo estoy" acercándote tanto que siento cómo tus palabras se hacen grafitti en mi rostro (y me encanta y lloro por dentro).
No quiero sentirte. No está bien. Llegué tarde a tu vida pero si no grito al viento tu nombre, me voy a desarmar en miles y miles de fueguitos y mis restos se irán anclando en tus comisuras.