Estoy en la ventana.
A lo lejos,
el río.
La luz perfuma las sábanas,
y sus rayos nos atan a la cama.
La melodía de su respiración, sus manos en toda mi piel.
Me mira chinito y nos enredamos.
Una danza de dos cuerpos reconociéndose.
Me dejo llevar por el vaivén de sentirme presente ante la mirada de un otro.
Escrito el 27-1-26