Me erotiza sentir que aún soy una mujer deseable, que alguien me mira y su pen3 se 3recta. Que nos separan kilómetros y miles de años (sin vernos) pero nos tocamos, nos amontonamos, nos rozamos con ganas.
La pared nos sostiene de imprevisto, empujados por los movimientos de baile. Nuestra piel sudada, los poros erizados, tus manos me quitan el corpiño. Arrojamos la ropa al suelo, lames mi entrepierna, un placer inabarcable en palabras. Mis senos parecen perfectos para esos labios, tu lengua desentierra deseos.
Cogem0s parados. No te veo, solo te siento. Una silla que rompemos es el escenario de la película pOrno que nunca filmé. Luego vamos a la cama de una habitación fría con luz roja que calienta nuestro encuentro. Cabalgo la estepa fueguina, con mis cabellos al viento. Llego a la cima del Cabo Domingo, me arrojo y caigo sobre muchos -otros- cuerpos.