Me enamoro de tu sonrisa y
del índice acomodándote los anteojos.
De los mil apodos con los que me nombras.
Cuando llegas,
no puedo resistir la tentación
de perderme en vos...
con vos.
No me importa jugar a las escondidas
si me prometes que siempre,
pero siempre
me vas a encontrar.
Muchas gracias, Jorge! Por tus palabras y por leerme.
ResponderBorrarUn abrazo, poeta. Te seguiré leyendo. Que andes bien.
ResponderBorrar